El número de 301 muertos en Mocoa supera con creces la tragedia en Perú

sube numero fallecidos avalancha Mocoa 1Este es la trágica cifra de cadáveres plenamente identificados que reportan los organismos de socorro, luego de cinco días de búsqueda por las afluentes del departamento de Putumayo. Igualmente se estima que por lo menos 3.088 familias damnificadas.

Redacción 180 Grados

Mocoa – Putumayo

Un profundo dolor embarga a los habitantes de Mocoa, capital del departamento de Putumayo. Las quebradas La Taruca, El Mulato, y los ríos Sangoyaco y El Mocoa, afluentes que recorren el municipio amazónico, se llenaron de ira y arrasaron con cerca del 30 por ciento del territorio mocuano, por lo que se ha considerado una catástrofe ambiental de dimensiones apocalípticas. Cerca de 17 barrios, los más poblados de ésta ciudad, borrados literalmente del mapa.

No hay agua, no hay fluido eléctrico. Cerca de 12 camiones cisterna vienen atendiendo la demanda de agua potable del municipio, dos de los cuales atienden la zona rural del mismo. Pese a que la crisis humanitaria se ha atendido diligentemente por los diferentes organismos gubernamentales y no gubernamentales, el número de damnificados, que asciende a 3.088 familias, la hace insostenible. Según el alcalde de la capital putumayense, José Antonio Castro, esta representaría el 30 por ciento de la población que fue afectada de la avalancha del pasado 1 de abril.      

Hablan los sobrevivientes

Uno de los sobrevivientes fue Silvio Edgar Burgos, uno de los habitantes del barrio San Fernando, quien recordó que algunos conocidos suyos murieron de paro cardiaco, solo por ver la dimensión de la tragedia. “Eso fue impresionante. Yo logré salir porque la avalancha fue como en dos etapas: una fue más suave, y en la que yo salí con los míos. Luego como a las 11 de la noche se vino la segunda tanda de la avalancha, y ahí sí se llevó todo”, puntualizó.

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Mireya Hernández López, docente en el municipio de Puerto Asís, hace parte de una de las familias damnificadas de la avalancha de la madrugada del pasado primero de abril. Cuenta que aquella noche se encontraba ella visitando a su familia, cuando la torrencial lluvia que se precipitó con fuerza sobre las casas la hizo quedarse. “Gracias a Dios logramos salir mis padres, mis hermanos, pero tenemos familiares que aún están desaparecidos. Hoy enterramos a la esposa de mi primo”, resaltó.

Pese a que logró sobrevivir, el dolor que despierta el desarraigo calcina aún su corazón. “También quiero enviar un mensaje a mi padre donde quiera que se encuentre, en cualquier rincón de Colombia, quien es el señor Sigifredo Hernández Guerrero, hijo de la señora Gloria Guerrero, que aún estoy viva. Hemos soportado dos avalanchas en éste pueblo, pero aún estoy viva, papá”.   

Escena dantesca

La furia de las aguas de las afluentes que recorren la geografía mocuana se dimensiona al ver como muchos automóviles y pesados camiones quedaron reducidos en chatarra. Hoy se le ven restos de automotores apostados a lado y lado de algunas calles de la ciudad, atestadas éstas del polvo que nos recuerda como toneladas de lodo invadieron la ciudad.

Pero la escena más dantesca de la tragedia se ve en el cementerio. Allí, cientos de cadáveres tirados a la intemperie dejan conmocionado hasta el más osado de los forenses. Ya son 301 fallecidos plenamente identificados, de los cuales 293 cuerpos ya han sido sometidos a necropsia. De éste número, 218 han sido ya entregados a sus familiares. Lo más lamentable es que de éstos 301 muertos, 92 son menores de edad.  

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El estado de descomposición de los cuerpos en el cementerio es tal, que las autoridades forenses y sanitarias han exigido a los familiares que una vez hayan sido identificadas plenamente se proceda inmediatamente a ser enterradas. A los familiares les ha tocado abrir la fosa ellos mismos para luego depositar el cuerpo de su primo, su madre, su hermano o su abuela sin más. Ya en las pocas funerarias de Mocoa ya no hay ataúdes, y como el hedor nauseabundo de la muerte no da espera, muchos quedan enterrados al desnudo.

Pero una de las labores más difíciles y que desgarra el alma es la que tienen que vivir los sacerdotes frailes provenientes del municipio de Oporapa, Huila. Mientras las autoridades forenses van avanzando en la identificación de cuerpos, los religiosos son los que muchas veces les toca ayudar a los familiares que no tienen quien les ayude a ayudarles a abrir los huecos para enterrar a los cadáveres ya en estado de descomposición.

"Nuestro trabajo caritativo ha sido un acompañamiento espiritual, celebrando eucaristías en el cementerio y en algunos barrios de Mocoa. Muchos familiares de fallecidos llegan sin alguien que les ayude a abrir la fosa para enterrar a sus muertos. Entonces, hemos también ayudado a abrir las fosas para los cadáveres", dijo el Pbro. Fray Lorenzo María del Buen Pastor, uno de los nueve franciscanos que llegaron desde Oporapa, Huila, a ayudar en las labores humanitarias. 

Lo ocurrido en Mocoa supera con creces lo ocurrido en Perú. En este país fallecieron 62 personas, mientras que aquí ya la cifra supera la de cualquier catástrofe de la historia reciente en Colombia. Por éste hecho, el alcalde de Mocoa, José Antonio Castro, y la gobernadora de Putumayo, Sorrel Aroca, serán investigados penalmente por no atender las alertas tempranas que ya alertaban de éste riesgo desde el año 2014.

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