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A 30 años del asesinato de dos profesores en Tello el crimen sigue en la impunidad

José Diomedes Cedeño y Héctor Perdomo Soto asesinadosJosé Diomedes Cedeño y Héctor Perdomo Soto, antes que docentes, eran amigos de toda la vida. Su militancia en la Unión Patriótica los habría llevado a la muerte el 15 de mayo de 1986. 30 años después, el delito continúa en la absoluta impunidad.

John Fredy Nagles Soto

Redacción 180 Grados

Tello (Huila)

Eran las 4:15 PM del jueves 15 de mayo de 1986, cuando José Diomedes Cedeño y Héctor Perdomo Soto se movilizaban en una motocicleta sobre la vía destapada que de la vereda Sierra del Gramal conduce al casco urbano del municipio de Tello (Huila). En ese momento, hombres armados le propinan varios impactos de bala, lo que le ocasionan la muerte de inmediato. Horas después, sus cuerpos son encontrados tirados en la vía por unos campesinos de la zona, quienes nunca denuncian por temor a represalias. 

A la memoria de asesinados Tello

Con un sentido homenaje el 15 de mayo de 2016, familiares y amigos de los dos inmolados recodaron su legado. 

Así lo cree Amparo García, esposa de José Diomedes, quien siempre llevará como una impronta en su mente y su corazón cada minuto de aquel frío episodio. Su esposo había sido elegido concejal de Tello para el periodo 1986 – 1988 por el Partido Unión Patriótica, quien desde antes de su posesión ya venía recibiendo amenazas. “Ese día estaba entregando la escuela por las amenazas. Ya había hecho gestiones ante la Secretaría de Educación Departamental, logrando el traslado a la Institución Educativa José Francisco Miranda en el casco urbano de Tello”, relató la viuda.

Iba al velorio de su abuelo

Pero ya era muy tarde. Aquel jueves, Cedeño regresaba en su motocicleta en compañía de Héctor Perdomo, quien aprovechó el viaje de su amigo para pedirle el favor que lo llevara, pues por esos días se le había muerto su abuelo en Aipe. “En ese momento, él me dijo ‘mi abuelito murió. Hazme un favor y llama a Diomedes para que me haga el favor y me arrastre hasta Tello que él va a viajar ahorita’. Entonces yo me fui al callejón donde quedaba Telecom y llamé al Cedral para decirle a Diomedes que llevara a Héctor hasta Tello. Dijo que sí”, recordó Lucila Vargas, esposa de Héctor.

A la memoria de asesinados Tello 2

En éste punto de la vía destapada fur dondeJosé Diomedes Cedeño y Héctor Perdomo Sotto cayeron por acción de las balas. 

“Yo me fui a lavar ropa, cuando faltando un cuarto para la cinco me dicen que tenía una llamada. Solté la ropa y me fui. Era Gina Duque y me dice que Héctor y Diomedes se habían accidentado. No me dijo que lo habían matado. Yo me fui con Diana, que estaba más pequeñita, y le dije a mi primo Humberto Vargas que me llevara. Estando en la cañada, pasaba la chiva y la profesora Esperanza Alarcón me dijo que le pasara la niña, porque a Héctor lo habían matado”, recordó la mujer.

Siete tiros por la espalda

Los sicarios esa tarde se ocultaron detrás de unos matorrales a la espera que el concejal pasara en su moto. Estos al parecer ya tenían conocimiento que el docente iría de entregar la escuela, y esa sería la última vez que pasara por aquella trocha. Al pasar, los asesinos accionaron sus armas de fuego e impactaron en siete oportunidades la espalda de Perdomo Soto, quien venía de parrillero en la moto.

A la memoria de asesinados Tello 3

Este tipo de episodios son necesarios recordar para que la memoria se preserve y evitar que historias como éstas se repitan, aseguran juristas y sociólogos de la memoria.

Según la necropsia, ellos tienen impactos por la espalda. “Una cosa que me ha apasionado de éste caso es saber si los disparos que tiene Héctor en la espalda atraviesan también a Diomedes, quien es el que conduce la moto. […] Los sicarios están previamente escondidos, y como Diomedes y Héctor tienen que mermar la velocidad en el punto, los prenden a bala”, relató Libardo Chilatra Velandia, abogado de las familias víctimas.

Héctor cayó inmediatamente al piso, mientras que Diomedes, quien conducía la moto, continuó en esta hasta 20 metros más abajo, donde finalmente lo ultiman. Se cree que hayan sido asesinados por dos uniformados de la Policía de la inspección de Vegalarga, zona rural de Neiva, que era el lugar más cercano donde había autoridad en ese momento. “A él muy seguramente no lo impactan en el primer momento. Alcanza a avanzar unos 20 metros, donde finalmente cae Diomedes”, relató el jurista.

“Me dijo que le preparara güarrus”

El día en que asesinan a los dos hombres, Amparo, la esposa de Diomedes, recuerda que su marido la debía llamar para notificarle si se quedaba en la institución educativa. Pero esa llamada nunca sucedió. “Ese día yo lo estaba esperando, porque él me dijo ‘yo entrego la escuela y me vengo temprano. Si me quedo, yo la llamo para decirle que me quedo, si no la llamo es porque yo vengo’. En esa época no habían celulares, ni teléfonos en las casas; había era un puesto de Telecom que funcionaba en la Alcaldía. Yo estuve pendiente como hasta las cinco de la tarde que él me llamara”, recordó Amparo.

Le dijo que le hiciera comida esa tarde, porque tenía la seguridad de que regresaba esa noche a la casa. “Nunca me decía, pero ese día me dijo que quería que le preparara güarrus, que es el arroz cocido sin sal con hojas de naranjo, y quería que le tuviera chunchulla frita y avena, pero al clima. Yo le hice eso de comida. Y lo esperé. Recuerdo que esa noche se fue la luz y me acosté temprano”. La cena finalmente se quedó esperando a su comensal. Nunca llegó este a la mesa.

Fatídica noticia

Entrada las nueve de la noche, y su suegra, la mamá de José Diomedes, llega a la casa golpeando la puerta “como si la fuera a tumbar”, recuerda. “Me dice, ‘¡Amparo, mataron a Diomedes!’. Yo recuerdo que ya me había puesto la pijama y así como estaba salí corriendo al puesto de salud que quedaba a un cuadra de la casa donde vivía”. Ya había traído a los dos hombres al puesto de salud, pero ya sin vida. “Lo último que recuerdo fue que había una camioneta y comenzaron a alumbrar. Cuando alumbraron los pies de los dos cuerpos que estaban allí yo conocí que uno de esos era él”, recordó.

Tal fue el impacto que tuvo en la mujer el episodio que se desmayó de inmediato. Cayó al piso,  por lo que fue necesario ingresarla al centro de salud. Horas después, doña Amparo despierta recordando lo que nunca fue una pesadilla. “Créalas que uno nunca olvida un episodio como esos. El dolor lo hace más fuerte a uno, y lo hace más fuerte para seguir adelante. Yo prefiero no olvidar, porque si uno olvida estoy olvidando mi propia historia”, dijo Amparo.

Con una lágrima en uno de sus ojos

Por su parte, Lucila Vargas, esposa de Héctor, censuró que incluso muchos años después de ocurrido el crimen aún no hay quien denuncie los hechos. “Cómo es posible que no haya una persona que tenga verraquera y diga ‘yo voy a declarar sobre lo que sucedió ese día’. Hubo testigos pero no tienen el coraje para denunciar, porque sabemos quienes vieron y saben quiénes son los asesinos”, dijo la viuda quien quedó con cuatro hijos desde entonces.

A la memoria de asesinados Tello 4

Cuando doña Lucila llegó al lugar donde habían caído Héctor y Diomedes ella creyó que su esposo aún podría encontrarlo con vida. “Pensé que todavía podrá encontrarlo con vida. Yo lo tocaba, lo miraba. Él quedó con una lágrima en uno de sus ojos. Sus gafas y su maleta estaban ahí tiradas”, recordó entre sollozos la viuda.

Con Héctor, doña Lucila vivió en las instalaciones del plantel educativo por cerca de dos años. Luego del asesinato, hoy la Institución educativa lleva su nombre. “Luego de aquí, lo trasladaron a la escuela La Cañada y de allí a la sede Potosí en Aipe. Después lo volvieron a trasladar aquí. Le dijeron que si quería trabajar con secundaria y fue cuando se vino nuevamente para acá, donde finalmente murió”.

Según vecinos del sector, hubo varios docentes de aquella época que se dieron cuenta quienes fueron los asesinos de los dos hombres. Se cree que días después del asesinato, los uniformados habrían reconocido haber cometido el asesinato de los dos militantes de izquierda. “Cinco días después, se van a jugar un partido de fútbol y allá dicen ‘matamos a dos pájaros de un solo tiro”, sentenció uno de los acompañantes.

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