Educar para la paz, con justicia social y ambiental

IMG 20160916 WA0006No es lo mismo educar en un país que vive en la tolerancia y el respeto a los derechos humanos, es decir, un país que permanece en  convivencia pacífica, que educar en un país como el nuestro, en medio del conflicto.

 

“Educación es la más poderosa arma que podemos usar para cambiar el mundo y, en nuestro caso, para la paz”.                    

Nelson Mandela

Por: Octavio Augusto Moreno 

Si el conflicto armado es algo que ha afectado a todos los colombianos, son todos los colombianos los llamados a terminarlo. La paz no sólo hay que negociarla con los grupos armados,  sino que hay que construirla y promoverla entre todos los ciudadanos, puesto que es algo a que todos nos interesan y son el Estado, junto con la sociedad civil los llamados a generar estrategias y políticas para el posconflicto generando una nueva cultura y educación para la paz.

La primera pregunta que debemos hacernos y saber responder conforme a la actual etapa transicional hacia la paz es: ¿Qué tipo de educación necesitamos y para qué clase de cambio social? En este sentido se debe entender el tema de la paz, como un proceso en construcción, transformándose críticamente a sí mismo en cada momento para asumir los desafíos que el posconflicto nos presenta de cara a la construcción de una nueva Colombia.

Educación y cambio social

La educación bien puede servir para dos cosas: como práctica conservadora que contribuye a preservar formas de explotación y dominación o como práctica progresista, es decir, emancipadora, orientada a equilibrar las relaciones sociales con sentido de equidad, justicia, sentido de pertenencia hacia lo regional, local o nacional y el respeto por los derechos humanos.

En un enfoque crítico hacia el modelo educativo actual que tiene Colombia, podría decirse que es el primer modelo el que se ha privilegiado. Los términos usuales de los pedagogos y expertos en diseños curriculares, delatan el sentido y el propósito que tiene: estándares de calidad diseñados conforme al modelo productivo nacional e internacional, competitividad, término acuñado por el sistema capitalista, para producir mano de obra cualificada que sea útil a los intereses de las maquinarias industriales, empresariales o dentro del sistema estatal como empleados gubernamentales.

Desde los años ochenta, las reformas neoliberales impuestas por los organismos financieros internacionales, agudizaron los viejos problemas, produciendo un quiebre de las estructuras educacionales, profundizando la inequidad educativa. La experiencia pasada,  requiere que reflexionemos sobre cuáles son los objetivos principales de la educación y qué tipo de conocimientos y habilidades serán necesarios para hacerle frente a los problemas y los desafíos que se nos presenten para hacer de la paz una realidad posible.

Educar para la paz

Colombia requiere de una modernización en su sistema educativo. Son  muchos los cambios que se le han implantado, ha sido objeto de constantes modificaciones en las concepciones y estrategias que debe tener.  Estos cambios pretenden fomentar la idea de que la educación y el conocimiento son factores esenciales para nuestro desarrollo. Sin embargo esto no ha producido resultados significativos en el sentido de superar el conflicto, porque nunca se ha planteado seriamente la necesidad de educar para la paz.

IMG 20160916 WA0013Ya no debe pensarse en la educación con el único propósito de cumplir con estándares nacionales o internacionales de calidad, competitividad, y profesionalización. No se trata de formar individuos exclusivamente para fortalecer un modelo económico y productivo que ha demostrado sus desequilibrios sociales y que ha alterado substancialmente la relación del hombre con el medio ambiente. Ese es el modelo capitalista y neoliberal, que se ha extendido hasta  la globalización e internacionalización de la economía que presiona sobre los países en vías de desarrollo para que compitan por alcanzar niveles de vida insostenibles y para que se enfoquen  hacia metas equivocadas de desarrollo y crecimiento económico.

Hoy, más que nunca, debemos repensar nuestra visión de la educación y ahondar en los factores sustantivos que pueden constituir una propuesta educativa alternativa. Los esfuerzos dirigidos hacia la transformación social deben girar en torno a los fundamentos filosóficos, políticos y pedagógicos de un nuevo paradigma educacional. Debemos desarrollar una educación integral liberadora,  que pueda contribuir con la construcción de nuevas estructuras sociales y nuevas relaciones entre las personas, basadas en la justicia, la equidad, la solidaridad y el respeto al medio ambiente. Se requiere una ruptura epistemológica y una afirmación política que suponga optar por el pueblo como sujeto. La relación entre educación y cambio social y la importancia de una acción ético-política y pedagógica coherente, no son solamente temas de análisis y estudio, sino una exigencia teórico-práctica decisiva que requiere de nuestra acción.

Las metodologías usadas, los sistemas de evaluación, los estándares de calidad, los modelos pedagógicos, y el propósito último de la educación deben ser re-pensados y re-formulados en vista de una situación particular que amerita adecuar todo el proceso educativo a las nuevas circunstancias que exigen la transición a una paz verdadera y duradera.

Prácticas políticas y educativas

El segundo propósito, que debe tener la educación, como práctica emancipadora, resulta ser el más acorde a nuestra condición pasada y presente. “La educación liberadora no produce, por sí misma, el cambio social, pero no habrá cambio social sin una educación liberadora” afirma el pedagogo brasilero, Paulo Freire. Para él, “Toda práctica educativa es política y toda práctica política es educativa”. Las prácticas educativas siempre son políticas porque involucran valores, proyectos, utopías que reproducen, legitiman, cuestionan o transforman las relaciones de poder prevalecientes en la sociedad; la educación nunca es neutral, está a favor de la dominación o de la emancipación.

Para Freire, la educación debe servir para que los educadores y educandos “aprendan a ver la realidad para ver su historia”, ello supone comprender críticamente su mundo y actuar para transformarlo en función de “inéditos viables”; en torno a dicha acción y reflexión a través del diálogo, los educandos y educadores se constituyen en sujetos.

Educar para la paz, significa desde esta perspectiva, recuperar la memoria,  precisamente por, la gravedad del conflicto,  por los crímenes perpetrados, para no ser tolerantes con la impunidad. Tenemos que conocer nuestro pasado por nosotros mismos, para desentrañar las causas últimas de nuestra condición presente y vislumbrar un horizonte hacia el futuro al cual debemos marchar como pueblo organizado y educado.

No podemos olvidar la historia de nuestros próceres, las injusticias cometidas contra nuestro pueblo desde los tiempos de la colonia y “conquista” de América, los héroes que dieron su vida por hacer de nuestra Patria, una nación digna, libre y soberana. Educar para la paz significa además, reconocer las causas estructurales que generaron la violencia: la crisis política y social generada por el bipartidismo en la época posterior a la muerte del caudillo popular Jorge Eliécer Gaitán, el neocolonialismo imperial impuesto por los Estados Unidos, la marginalidad, el abandono del campo, la falta de educación, de salud, de vías y servicios públicos, el desplazamiento forzoso, el desempleo, la carencia de políticas públicas hacia los sectores más vulnerables de la sociedad, entre otros.

IMG 20160916 WA0009Resulta prioritario formar a las futuras generaciones, a partir del conocimiento histórico del conflicto, de sus consecuencias para toda la sociedad, con miras a que no se repita, para tener una nueva mirada prospectiva, esperanzadora y lo más importante, para el logro de una verdadera paz, con justicia social cimentada en nuevos valores, en nuevos principios y en un nuevo orden socio-económico de la nación. En este sentido, se debe interpelar a todas las organizaciones de la sociedad civil, y principalmente al Estado colombiano como garante de ese nuevo orden, a que establezcan una política educativa, acorde a los cambios que se avecinan con el proceso de paz. Esto implica  re-estructurar los contenidos curriculares, los modelos pedagógicos y la democratización de la educación en todas las regiones del país.

A su vez, la educación para la paz debe ir acompañada de verdaderos cambios sociales. Mientras continuemos caminando erróneamente con un modelo económico insostenible social y ecológicamente, mientras persistan las enormes desigualdades sociales que caracterizan el modelo actual, los conflictos sociales prevalecerán y las políticas públicas que den respuesta a las  demandas de grandes sectores de la sociedad civil continuarán postergadas, alimentando un clima de  inconformismo y descontento generalizado. He ahí la importancia de reformular políticas adecuadas a los cambios estructurales que esperan los colombianos y cuya primera premisa debe ser la implementación de una adecuada política educativa orientada hacia la paz.

Paz y justicia ambiental

Sin embargo, hay que cuestionarse, ¿Cómo implementar un programa educativo enfocado hacia el logro de la paz, en un país con un modelo educativo privatizado y fijado en metas empresariales o productivas, con un sistema económico enfocado a privilegiar el capital extranjero basado en la extracción de nuestros recursos naturales; orientado a grandes proyectos minero-energéticos que generan grandes impactos sociales, ecológicos, políticos, culturales y que en últimas causan más violencia? ¿Cómo pueden los educadores ser agentes de cambio desde la educación cuando se les trata como trabajadores de segunda, subcontratados y sometidos a precarias condiciones laborales, cuyas demandas además son negadas por el Estado? ¿Cuándo no hay una amplia cobertura que garantice el acceso a la educación pública a todos los sectores de la sociedad?

Esto significa dar un giro en las ideas que se tienen de desarrollo, progreso y crecimiento económico. El modelo económico actual es un modelo que violenta la naturaleza, extrayendo sus recursos naturales de manera indiscriminada e insustentable, ocasionando graves desequilibrios ecológicos como ya se están viendo con el cambio climático, el efecto invernadero y la desaparición progresiva de especies vegetales y animales, la contaminación de ríos, del aire, de los mares y los suelos. La educación para la paz debe considerar que la violencia no sólo se genera entre los seres humanos, sino que también se ha presentado como una violencia contra la pacha-mama como la llaman nuestros indígenas, quienes ya hablan de un ecocidio o violencia contra la Madre  Tierra, y de  una deuda ecológica con el planeta

Todas estas problemáticas bien pueden constituir temas de estudio en una educación que debería orientarse a conocer y analizar las graves problemáticas sociales, políticas y ambientales que tenemos para que las nuevas generaciones asuman desde ya una conciencia y un sentido de responsabilidad de cara al futuro que les espera. Entendida de esta manera, la educación para la paz deja de ser una idea romántica y se constituye en una prerrogativa necesaria frente a la realidad actual y como una de las más importantes herramientas para consolidar la democracia participativa en el  posconflicto.

Hay que comprender que la educación no solo es un instrumento o motor de desarrollo material, sino una práctica para inculcar valores. Decía Benjamín Franklin: educar en la igualdad y el respeto es educar contra la violencia. La violencia es, aparte de muchos factores, producto de la intolerancia. De ahí la necesidad de educar con base en la tolerancia, el respeto por las diferencias y la aceptación de la diversidad ideológica, política, religiosa, racial, entre otras, para la conformación de una verdadera sociedad democrática y pacífica.

Este proceso a favor de la cultura de paz, promueve la transformación de conflictos entendiendo los mismos como espacio de múltiples oportunidades y desafíos para convivir en medio de las diferencias;  la comunicación asertiva y el ejercicio de prácticas no violentas; el acceso a la justicia comunitaria, conciliación, y mediación; la búsqueda de la reconciliación, verdad, justicia y reparación, el ejercicio de prácticas de democracia local, participación ciudadana, y autogestión comunitaria; la exigibilidad de derechos humanos y del derecho internacional humanitario; la construcción de simbologías de paz y la celebración de rituales con dimensión espiritual trascendente y en armonía con el medio ambiente.

Sentido crítico y humanístico

Es preciso comprender que el fin último de la educación es formar seres humanos conscientes y capaces de asumir la realidad de la vida con sentido crítico y humanístico, con sentido de pertenencia hacia su territorio y capaces de ser protagonistas del cambio, que se conviertan en elementos activos en la consolidación de la democracia, el respeto por los derechos humanos  y la preservación de las  libertades sociales. Se trata de crear una nueva conciencia ciudadana con sentido de patriotismo, a partir de una nueva racionalidad y de un nuevo enfoque en la educación en todos los aspectos: político, social, cultural, pedagógico, económico entre otros.

IMG 20160916 WA0008De ahí la importancia de cambiar el sistema educativo que si bien puede tener sus virtudes, también tiene sus falencias. Se requiere  diseñar nuevos programas educativos acordes con los cambios sociales, políticos, económicos y culturales que traerá la paz, para que sea una paz duradera, y la nación camine hacia un futuro más promisorio donde la justicia, la inclusión y la convivencia ciudadana se hagan realidad.

Cuando aprendamos a amar lo nuestro, nuestro territorio, nuestra naturaleza exuberante, cuando comprendamos verdaderamente el sentido de eso que se llama Patria, de nuestros valores ancestrales, de nuestros valores culturales, cuando trabajemos juntos por el sueño de construir una nueva Colombia, estaremos dando verdaderos pasos hacia la consolidación de una auténtica paz con justicia social.

*Comité Organizador MARCHA PATRIÓTICA.

Etno-educador y Licenciado en Filosofía y letras.


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