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Imelda Daza, memorias de vida

La dirigente de la Unión Patriótica, Imelda Daza, habló sobre su historia, su gusto por la parranda, el canto, el baile y, por supuesto, su militancia

que por poco le cuesta la vida. Hizo un llamado a la unidad entre las diferentes organizaciones de izquierda, “porque nuestros sueños son superiores a nuestras diferencias”, resaltó.   

JHON FREDY NAGLES SOTO

Especial periodístico

Su amor, un neivano de nacimiento que la ha acompañado toda su vida. Su música, la de los hermanos Zuleta Díaz, la misma con la que recuerda sus noches de parranda y alegría. Ella esImelda Daza Cotes, sobreviviente del genocidio de la Unión Patriótica durante los años 80 y 90. Por estos días, la dirigente estuvo de visita en la sede de Marcha Patriótica en Neiva con el objeto de hacer un llamado a la unidad entre los diferentes sectores de izquierda en el Huila, “porque nuestros sueños son superiores a nuestras diferencias”, resaltó. 


Del Cesar al Huila

Esta mujer nació en un municipio de clima frío llamado Manaure, en el norte del departamento de Cesar. “Es un pueblito de una eterna primavera, y por eso me siento mejor en el frío que en el calor; pero me tocó vivir mucho tiempo en el calor de Valledupar. Se califica así mismo como una “típica caribeña habladora, abierta, informal, descomplicada, de muy buen humor”.

Pero finalmente sus padres se fueron de allí y terminaron radicados en Villanueva (Guajira), municipio en donde se realiza el Festival Cuna de Acordeones. De allí sus dos apellidos. La pequeña Imelda, entonces, creció al son de los juglares vallenatos, y moviéndose al son de la parranda acordeonera. “Me encanta bailar, cantar, hacer lo que comúnmente hacemos los caribeños”, resaltó.

Su esposo en neivano, lo que, según ella, la une profundamente con el Huila. “Mi esposo es nacido en Neiva, aunque de niño se fue su familia a vivir a Bogotá, pero aquí está toda su parentela materna. Entonces tengo lazos profundos con esta ciudad. Aquí han estado mis hijos de visita también; ellos viven en Suecia, pero quisieron venir a conocer también sus parientes aquí. Les encantó Neiva, porque dicen que es igual de caliente a Valledupar”, relató antes de iniciar su relato.


La docencia la llevó a su otra pasión, la política

Imelda es economista de la Universidad Nacional de Bogotá y siempre le ha apasionado la docencia. Y fue precisamente en el escenario académico, como profesora de Economía en Valledupar, en el que Imelda conoce a un grupo de jóvenes, entre ellos a Juvenal Obidio Ricardo Palmera Pineda, o conocido en la militancia guerrillera como ‘Simón Trinidad’.

“Siempre escondió sus dos primeros nombres, los de Juvenal Obidio, porque dice que su papá se los puso en venganza porque él se llamaba así también. Entonces por eso fue siempre conocido solo como Ricardo Palmera Pineda”, recordó jocosamente.


La universidad y la política  

Por aquellos años, Imelda conformó con Ricardo un grupo de por lo menos 10 docentes universitarios y otros tantos de estudiantes (casi todos asesinados posteriormente), con quienes impulsaron la creación del Instituto Técnico del Cesar, entidad que con los años se convertiría en la Universidad Popular del Cesar en 1977. “Esa fue una institución pública y nos esmerábamos para que tuviera una buena calidad educativa”, Daza Cotes.

Pero a esta Alma Mater también llegó la persecución y la muerte. Imelda, junto a otros activistas, está impulsando hoy la idea que se declare a la Universidad Popular del Cesar como víctima del conflicto armado, pues también allí llegaron las balas de la intolerancia. “Desafortunadamente, con toda esta barbarie, la institución cayó en manos del paramilitarismo y en manos del paramilitarismo está. Allí fueron asesinadas cinco estudiantes, dos de ellas fueron quemadas y asesinados dos profesores en los predios mismos de la universidad”, denunció la dirigente.


FOTO IMELDA 21De abstencionistas a líderes de izquierda

Pese a la ya evidente persecución que se empezaba a sentir por aquellos escenarios académicos, Ricardo e Imelda se enamoraron de los pensamientos de Luis Carlos Galán y el Nuevo Liberalismo. “Éramos abstencionista en aquella época. Nunca votábamos, porque considerábamos que eso era una farsa que no valía la pena. […] Pero llegó Luis Carlos Galán con la novelería del Nuevo Liberalismo y nos entusiasmó la idea de hacer algo en Valledupar, y es cuando nos hicimos galanistas”, relató la mujer.

Aseguró que Ricardo Palmera siempre fue activo en la política, pero bajo la sombra. Nunca quiso ser candidato ni participar en nada que fuera público. “A él se le notaba en la cara, en el rostro, en el vestir, su extracción social y se avergonzaba de eso. Si íbamos a un barrio popular, él llevaba a todo el mundo en su carro pero escasamente se bajaba y se sentaba debajo del arbolito que tuviera menos luz. Nunca se atrevió a hablar en público, pero siempre nos decía las cosas importantes que tocaba hablar”, recordó Imelda sobre su amigo Ricardo, aclarando que nunca conoció a Simón Trinidad.


Conocen al huilense Rodrigo Lara

Es así que entre los dos, Ricardo e Imelda, fundan movimiento cívico llamado Causa Común con el que ingresan al Nuevo Liberalismo. En esa oportunidad, fue elegida concejal de Valledupar y posteriormente presidenta del Concejo de esa ciudad. En aquel contexto, conocieron también a Rodrigo Lara Bonilla, a quien lo calificó como un extraordinario orador, “de mucha fuerza en el verbo, convencido y comprometido de verdad con los problemas de este país. Un buen liberal era Rodrigo Lara”, relató a la plenaria.

“Lo conocimos muy joven [a Lara Bonilla], mucho mejor que Luis Carlos Galán, lo superaba a leguas, pero Galán ya se había hecho figura en Bogotá, pero nosotros siempre le decíamos a Lara que él debía ser el líder del Nuevo Liberalismo y siempre nos respondía ‘¡sí, pero me falta la plata no más!’, decía. Pero doy fe que Lara fue un hombre extraordinario y creo que los huilenses deberían sentirse orgullosos del hombre que fue Rodrigo Lara Bonilla”, dijo.


FOTO IMELDA reunionLa “sinvergüenzura” llegó al Nuevo Liberalismo

Luego de estar un tiempo en aquella iniciativa política, llegaron algunos políticos tradicionales, quienes, a su juicio, viciaron el llamado Nuevo Liberalismo. Pronto entonces, este espacio se quedó corto frente a sus ideales, por lo que Imelda lo deja en 1983. “Como concejal galanista fue poco lo que se pudo hacer porque empezaron a llegar los políticos sinvergüenzas que tanto combatimos y pues nos desencantamos”, resaltó Daza Cotes.

Salieron entonces y empezaron a fortalecer el movimiento que habían creado, con el que cubrieron trabajo político en el sur de La Guajira y el departamento de Cesar. Estando en esas, les llega la idea de abrir un dialogo nacional en el marco del Proceso de paz entre la guerrilla de las FARC y el Gobierno Nacional.


Con las conversaciones llegó la Esperanza

En dicho escenario surge la Unión Patriótica. “Para nosotros fue una gran noticia y le apostamos a trabajar allí. Dijimos que como era un movimiento nacional entonces este nos permitirá conectarnos con el resto del país y nutrirnos así de otras experiencias en otras regiones”, explicó la líder política, quien para aquella época recuerda que tenían entre 20 y 26 años de edad.  

Por aquellos años de mediados de la década de los ochenta, Valledupar era un pueblo de 180 mil habitantes, muy aislado de lo que sucedía en el resto del país. Jocosamente, Imelda recordaba que era la última latitud a donde llegaba la prensa y donde a duras penas llegaban las ondas hertzianas de la radio. “A Valledupar llegaba El Tiempo y El Espectador en el último bus de la noche, es decir, lo leíamos como con 12 horas de atraso. Había solo dos vuelos semanales Valledupar – Bogotá”, relató entre humor la señora.             

Inmediatamente, los inquietos militantes vallenatos viajaron a la fría capital a buscar integrar el recién fundado partido de izquierda. Se fuimos a buscar al maestro Álvaro Vázquez del Real, el comunista de mayor edad y respeto en las filas de su partido, quien les dio la entrada al nuevo movimiento. Recordó que “de entrada nos pegó un regaño terrible, pero bueno, nos atendió y nosotros ingresaron a la Unión Patriótica felices, llenos de entusiasmo”, resaltó.     


“La Revolución era una fiesta”

Inmediatamente, aquellos jóvenes caribeños iniciaron a trabajar en lo que sería el nuevo proceso, alternado este por la fiesta y la parranda que siempre ha caracterizado a los caribleños. “A todo le metíamos folclor. […] Nosotros teníamos clarito que esto de la revolución era una fiesta; así es que hablábamos de política y en el equipo había guitarristas, acordeoneros, guacharaqueros, más otro que tocaba caja. Así es que generalmente todas las reuniones de este tipo terminaban en una gran parranda de amanecida y todo”, relató Imelda entre las risas, carcajadas y aplausos de los asistentes.

Recordó que en medio de las miles de anécdotas. “La revolución para nosotros era una fiesta, y esto era un sancocho de tres carnes, decíamos. Eso había que meterle humor, música, arte, recreación, literatura. Nosotros en la Navidad repartíamos tarjetas con un mensaje revolucionario, con consignas muy alusivas a la vida, al cambio. En el festival vallenato repartíamos folleticos con todas las canciones de Leandro Díaz, de mucho contenido social. Hacíamos cosas de ese tipo, porque teníamos como esa idea de que había que ponerle mucha alegría, la característica fundamental de un revolucionario”, resaltó.    


La UP, un éxito electoral

Con ese ímpetu, la UP en Cesar fue a elecciones en 1986 y lograron curules para siete concejales en siete municipios distintos y un diputado a la asamblea departamental de esa región. De esas personas elegidas para aquel año, resaltó Imelda, “la única sobreviviente soy yo, porque me fui a tiempo de Valledupar. Jaime Pardo Leal obtuvo en mayo del 86 una votación de 9.702 sufragios en el Cesar. Obtuvimos resultados en los 25 municipios del departamento”, recordó.

Pese al éxito de aquel año, Imelda, quien fue elegida concejal de Valledupar, nunca pudo ejercer porque la muerte les llegó. “Ese buen resultado electoral asustó a la élite que desde siempre ha usurpado el poder en el departamento del Cesar y que está compuesta por cuatro familias de terratenientes”.

“Esos al igual que la élite que nos gobierna son tigres de papel. Tenemos que hacer conciencia de eso y la historia nos tiene que demostrar que es así. Son cobardes y por eso son criminales, y por eso la opción que les queda es eliminar al contrario. No tienen argumentos para sostener ni defender el acaparamiento del poder; lo único que les queda es el recurso del plomo”, resaltó.


Y el ‘plomo’ les llegó

De inmediato, luego del triunfo creciente que tenía nuevo partido político de izquierda, se prendieron las alarmas. La muerte empezó a acercarse cada vez más a ella y a otros tantos que les tocó salir de sus casas. “Salí de Valledupar a Bogotá embarazada de mi hija, el tercero de mis hijos. Después de nacida la niña, empecé a trabajar como docente en la Universidad Libre y creí que la vida se nos normalizaría”.

Pero no. “Caían como moscas”, como resaltaría José Veles, corresponsal de El Universal de México en una de las notas recordando el holocausto contra la UP. Mientras Imelda trataba de pasar sus días en Bogotá como docente sus compañeros los seguían asesinando. “Un día escuchábamos que hoy mataban en el Cesar, otro día en Nariño, luego en Antioquia, pasado mañana en Leticia, a la semana siguiente en Arauca, luego en Barranquilla, etc. Casi que perdíamos la cuenta de cuantos habían matado en una semana. Era horrible, desesperante”.

A su regreso a Colombia, luego de haber sobrevivido a tres atentados contra su vida durante los años 80, esta economista de 68 años de edad regresó a Colombia luego de 28 años de exilio en Suecia. De aquella época, Ricardo Palmera, junto a otros siete militantes, huyeron a las montañas de Colombia a engrosar las filas de las FARC, otro 49 salieron al exilio, algunos a Ecuador, otros a Nicaragua, a España y a Suecia. Todos, tanto los que unos como los otros, sobrevivieron, pero los que se quedaron todos fueron asesinados.

“Ahora tenemos un gran oportunidad que fue lo que motivó mi retorno. Además siempre abrigué el deseo de regresar, el inicio de las negociaciones en La Habana fue digamos la puerta que me abrió definitivamente el camino hacia el retorno a mi país”, dijo.


Llamado a la unidad

La dirigente, con voz potente, firme, pero siempre cariñosa, hizo un llamado a que las organizaciones sociales y policías afines con las ideas de izquierda se arropen con un mismo velo, dejando atrás las poquísimas “e idiotas” diferencias aseveró.

“Han llegado los del Polo, un sector de los Verdes, los Progresistas todos, Congreso de los Pueblos, la Juco, el Partido Comunista y Marcha Patriótica, todos mis grandes aliados. Hay un embrión de unidad en el departamento de Cesar. Yo creería el miedo que todos han tenido de actuar solos se han visto obligados a juntarse como los pollitos para calentarse juntos”, dijo, con lo que esperan que los días posteriores para la izquierda colombiana sean mejores.

PIE DE FOTOS

 

FOTO IMELDA 1: Imelda Daza Cotes, integrante de la Dirección Nacional de la Unión Patriótica, estuvo en Neiva recordando con la izquierda en el Huila su dramática historia en el Cesar.

FOTO IMELDA 2: Junto a Ricardo Palmera, lograron conocer a Rodrigo Lara Bonilla, a quien lo calificó como un extraordinario orador, “de mucha fuerza en el verbo”, dijo.   

FOTO IMELDA 3: La dirigente cesarense estuvo de visita en la sede de Marcha Patriótica en Neiva, en donde hizo un llamado a la unidad de la izquierda colombiana.

FOTO IMELDA 4: Con la calidez de caribeña que siempre la ha caracterizado, la sobreviviente al genocidio recodó para todos aquellos años de violencia.

FOTO IMELDA 5: La reunión de los sectores de izquierda en el Huila terminó como una “tremenda parranda vallenata”, como las recordadas por ella cuando iniciaron el movimiento en Valledupar.

  

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