“La chiva es mi ventana por la que miro al mundo”

cecilia vargas la chiva pitalito 1La artista huilense Cecilia Vargas es una de las ceramistas más importantes del continente. Su trabajo fue declarado símbolo nacional de Colombia. Su emblemática chiva se exhibe en museos nacionales y del mundo.

Hugo Mauricio Fernández Barón

Especial 180 Grados

Pitalito – Huila

Para Cecilia, el barro es el elemento que la vincula con la tierra y el arte. Quienes la conocen, saben de su amor por la vida y su  pasión por la naturaleza. Sus manos fuertes y laboriosas, no sólo saben cocer vasijas y cerámicas, sino también cultivar su huerta y los productos con los que cocina sus alimentos. La artista huilense nos hace visible su oficio, con la serenidad de quien va modelando una figura en barro. Así habló para 180 GRADOS:

HM: Sabemos que esta pasión por el trabajo artístico con el barro es un legado que heredó de su madre. ¿Cuál es el antecedente de ese enamoramiento por el arte que más recuerda con cariño?

CV: La ternura que mamá expresaba por los pesebres, la sencillez y grandeza de su obra que generó todo un movimiento cultural en torno a la cerámica, aquí en el sur del Huila. La navidad en torno al pesebre, a los villancicos, a la nochebuena, los aguinaldos y las novenas que mamá preparaba para sus diez hijos, y que nos asombraban con su encanto; es que mamá nos hizo a Dios de barro.

La Chiva se convirtió en un símbolo nacional. ¿Qué significa para usted, como creadora, los cuarenta años de existencia de La Chiva?

CV:La chiva me lleva una delantera enorme ja, ja, ja porque "sube más que el dólar, baja más que el café y  siempre se siente nuevecita".

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HM: Una de sus grandes pasiones es la lectura. Ha leído con juicio la obra de García Márquez, a quien le dedicó en vida un homenaje con una de sus creaciones que denominó “Expreso Macondo”. Hizo lo propio con José Eustasio Rivera en honor a los 90 años de la publicación de La Vorágine y además la Chiva de la Paz. Háblenos de ese trabajo.

cecilia vargas la chiva pitalito 4CV: He realizado algunas interpretaciones icónicas de la obra de García Márquez porque me siento identificada con la totalidad de su obra y su pensamiento. Cuando se tiene en las manos la prosa de Gabo, nos empoderamos de un territorio, de una nación y de un  universo.  "El coronel no tiene quien le escriba", para mí, uno de sus mejores libros,   es un fiel reflejo de la realidad de la provincia, por el desdeñoso centralismo en que estamos sumidos los pueblos. El evidente sentido de dignidad es una de las constantes, no solo en la obra, sino en la vida real de una provincia.

La obra de Rivera, no obstante su publicación cumplir 90 años, con el reconocimiento internacional y múltiples traducciones a otros idiomas, con toda la grandeza que encierra, aún los huilense no la hemos entendido, ni legitimado. Con La Vorágine falta todo por hacer desde lo humanístico, lo ambiental y lo político. La universalidad y la vigencia de la obra me conmueve y me lleva a hacer un acto de celebración y de reconocimiento de ella.

Por su parte, la Chiva de la Paz es una manera de hacer memoria del conflicto armado y recordar la necesidad de hacer la paz en un país que ya está cansado de la guerra. La chiva es el país y ahí tenemos que caber todos.

HM: La Chiva de Cecilia Vargas ha viajado con sus personajes y corotos por museos y salas de exposición de todo el mundo. Su carrera como ceramista ha estado signada por el reconocimiento nacional e internacional. ¿Cuáles son las distinciones más importantes que ha recibido en el país y fuera de él?

CV: Quizá el más grande reconocimientos que he recibido ha sido el hecho de evidenciar cómo los colombianos han legitimado mi Chiva y hoy la asumen como propia, como su ícono, como referente nacional. También el hecho de haber sido elegida junto con la obra de doña Otilia Jérez, por la curaduría de la muestra más grande de arte en América por el Banco Nacional de Mexico, como las ceramistas que representamos a Colombia en la Colección Banamex que reposa en Ciudad de México.

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HM: Hace algunos años tuvo la oportunidad de fungir como Secretaria Departamental de Cultura del Departamento. ¿Qué recuerdos tiene de esa experiencia y cómo ve la escena cultural del Huila actualmente?

CV: Lo más enaltecedor fue haber podido, desde la Secretaría de Cultura, reconocer el trabajo de las olleras que han mantenido viva una técnica refractaria milenaria, con la que fabrican las ollas de barro en la vereda La Vega en Campoalegre.

HM: Vivir en el municipio de Pitalito es una circunstancia que definitivamente ha signado su vocación artística. ¿Qué importancia tienen el río y la cultura agustiniana para su trabajo creativo?

Vivir en Pitalito significa respirar aire puro, disfrutar de un paisaje que aún permanece vivo en las puertas del Papallacta. Es poder disfrutar de una casa con patio, de hacer la compra y fiar en la tienda de la esquina, es estar rodeada de mi familia, de mis amigos. Es poder conservar mis bosques La Embarrada y Ángel Verde. Es tener la oportunidad de ir a la tertulia, de leer, de cocinar los productos frescos de un mercado campesino.

HM: Sus amigos dicen que no hay día que pase sin que invente una nueva figura, un nuevo color. ¿Cómo cultiva esa capacidad de asombro, cómo hace para mantener esa niña inquieta y amorosa que lleva dentro?

CV: El barro es un elixir, ja, ja, ja, pero realmente todo está en la actitud frente a la vida.

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