Día de la Mujer | En un 8 de marzo

columna día mujer 8 de marzoLos sistemas patriarcales, en los cuales estamos inmersos hombres y mujeres, hablan de derechos de las mujeres, pero mantienen el edificio de los poderosos y las desigualdades.

Por: María del Carmen Jiménez

Ex secretaria de Educación de Neiva y el Huila

Activista social y política

Esta es una fecha para honrar la memoria de las mujeres que, de manera individual o colectiva y desde épocas pretéritas, han luchado por la defensa de los derechos de sus congéneres, incluso a costa de sus vidas. Esta fecha declarada por Naciones Unidas en 1975 como “Dia Internacional de la Mujer” debe avivar los espíritus para reconocer también a quienes continúan en el presente trabajando de manera inagotable en Colombia y el mundo, para que se avance en el acceso de las mujeres a los beneficios del desarrollo sostenible, en la garantía y el disfrute de sus derechos sociales, culturales, políticos, económicos y el más importante de todos sin el cual no existirían los demás: el derecho a la vida.

El accionar inteligente, organizado de movimientos feministas, sociales, sindicales, comunitarios, entre otros, abrieron y abren caminos para construir equidad e igualdad de oportunidades. Han permitido poner en la agenda pública los inconmensurables aportes de las mujeres, sus problemáticas, las múltiples violencias que las afectan en esta sociedad patriarcal. Pero, sobre todo, han incidido en la construcción de políticas públicas, la firma de pactos, la promulgación de leyes para avanzar hacia la vigencia de sus derechos, la eliminación de toda forma de discriminación y violencia. Lamentablemente y a pesar de los avances normativos, la situación de las mujeres en nuestro país es difícil, prevalecen altos índices de feminicidios, pobreza, abusos, violaciones e inequidades.

Los sistemas patriarcales, en los cuales estamos inmersos hombres y mujeres, hablan de derechos de las mujeres, pero mantienen el edificio de los poderosos y las desigualdades. Son funcionales al capital, forman una dupla que se fertiliza y promueve; impone el mandato de masculinidad, que genera sufrimiento en los hombres, porque les obligan a ser más potentes en el plano sexual y económico, además de negarles la sensibilidad humana y la expresión de la ternura.

Establecen una feminidad estereotipada y frágil.  El mundo patriarcal neoliberal de hoy está marcado por la” dueñidad”. Como lo plantea la antropóloga Rita Segato, conlleva a la pedagogía de la crueldad, encaminada a reprogramar a las personas para acallarlas y disminuir su capacidad de empatía, cosifica e instrumentaliza la vida humana.  Para los dueños del mundo, el patriarcado es clave para el ejercicio de su poder y por eso estigmatizan los movimientos feministas, califican de ideología negativa el enfoque de género y no toleran la diversidad ni la otredad.

Los hombres también deben participar en la lucha por desmontar el mandato patriarcal de la masculinidad que los presiona, los insensibiliza, los convierte en agresores, que les impide ser felices.  Deben comprender que no son dueños de las mujeres. Su convivencia con ellas debe estar mediada por el respeto en las diferencias.

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