Opinión | Reflexiones anticatólicas

fredy nagles columnista¿Por qué los medios de comunicación y sectores públicos le dan tanto espacio a la Iglesia Católica, cuando somos un país aconfesional, regido por el Estado Social y Democrático de Derecho, y más cuando esta institución lo usa para vilipendiar la diversidad nacional?.

Por John Fredy Nagles Soto

Tal vez lo que suceda en Colombia sea muy distante de lo que ocurre en Polonia. Ustedes se preguntarán, ¿qué cosas?; hay un aspecto que está fuertemente unido, tanto en nuestra nación subdesarrollada, como en la europea “muy desarrollada”: La fuerte influencia de la Iglesia Católica en las decisiones político-administrativas y hasta jurídicas de los estados sobre los particulares.

A estas alturas de la vida, se sancionará jurídicamente a un músico por expresar su descontento hacia una religión foránea que, por milenios, arrasó culturas aborígenes en su nación. El polaco Adam Michał Darski, conocido como Nergal, es vocalista y guitarrista de una banda de black metal llamada Behemoth. Ya de por sí, reseñar que es un consumado artista de este tipo de música, intuiríamos que rechaza todo tipo de institución religiosa, lo cual no lo hace delincuente. Pero para el Tribunal Regional de Varsovia, en Polonia, creo que sí lo es.

El músico fue condenado en febrero pasado a pagar una multa de 15.000 zlotys (unos 14 millones 600 mil pesos) por publicar una foto en sus redes sociales en la que un pie pisotea una imagen de una virgen. Nergal se mostró contrario a la decisión, por lo que irán a juicio. Sin embargo, el artista hizo publico su caso y ahora busca apoyo con sus seguidores para financiar su defensa y no ir a la cárcel por el “delito de blasfemia”. Si, leyeron bien, allá se paga con cárcel tal cosa.

La ley polaca tiene un fuerte arraigo en la Iglesia Católica, muy influenciados por Karol Józef Wojtyła, el duocentésimo sexagésimo cuarto Papa de Ciudad de Vaticano, lo que responde un poco la forma como los jueces y administradores públicos de esa nación ven la legislación. Y eso que el nazismo acabó a ese país, bajo el silencio cómplice de Pío XII. Sin embargo, en los últimos años esta religión ha perdido fuerza y adeptos. Mucha de su legislación es considerada como coartadora de la libertad de expresión.

Parroquialismo católico a la colombiana

En Colombia no estamos lejos de ser un estado que aún se rige por la Biblia, pese a que desde 1991 la Constitución Política haya tratado de separar el poder de la Iglesia Católica del Estado. Eso es solo en el papel, porque en la realidad el cura manda más que el alcalde o el gobernador. En infinidad de actos políticos, no faltan los mandatarios que adulan sobremanera a los líderes religiosos de la Iglesia Católica, y los invitan a “bendecir” sus obras, así sean tres kilómetros pavimentados en placa-huella en la zona rural de un municipio. Hipocresía y adulación al 100%, ¡que jartera!    

anibal gaviriaY muchos me dirán, “¡Qué pena, aquí la mayoría somos católicos y usted tiene que respetar!”; y yo les diré: “¡Ni de fundas!” El Estado Social y Democrático de Derecho establece que el Estado se debe dar a todos, incluyendo a quienes, minoritariamente, no profesamos la religión católica o ningún credo. Sin embargo, en muchos colegios públicos se siguen poniendo crucifijos en los salones de clase y se sigue hoy, hoy, a estas alturas del partido, dando clases de religión.   

Lo que hacen muchos medios de comunicación, de darle espacio en columnas de opinión a nefastos obispos, amantes de la riqueza y el buen vivir, como Froilán Casas, obispo de la Diócesis de Neiva, es una pena. Con darle espacio a esos sectores demuestran su incapacidad de reconocer que estamos en una sociedad diversa. Si dan espacio a los obispos católicos, ¿Por qué no les dan a otros sectores religiosos o a los ‘aconfesionales’? (no uso la palabra ‘laico’, porque es propia del mundo católico).

Si hay tanta libertad religiosa, como lo profesa el Artículo 19 de la Constitución Política de Colombia, ¿por qué no se permite que los adoradores de la contra-religión funden sus templos? Jueces de la República y administraciones públicas en Quimbaya y el departamento de Quindío han buscado de todas las formas que Víctor Damián Rozo, fundador del Templo Luciferino Semillas de Luz, cierre su iglesia. Los medios han tratado este tema con morbo y espectáculo, pero no como lo que debe ser: un derecho que tiene esa minoría a creer en lo que quieran, a la luz de la legislación y el respeto.

El Satanismo debería ser legal y abiertamente expresable en todos los reinos y nacionales del planeta, incluyendo Colombia. Así como muchos religiosos camanduleros, lavadores de cerebros, engañan con sus credos absurdos, provenientes de Judea y Nazareth, ¿por qué no muchos como Nergal, en Varsovia (Polonia), o Víctor Damián Rozo, en Quimbaya (Colombia), podrían expresar su inconformidad contra estas ideas sacrílegas, que han asesinado por milenios a centenar de culturas indoamericanas y ancestrales europeas?

En Colombia, un país que en su mayoría es católico y conservador, este tipo de opiniones evidencian un fuerte rechazo de muchos y podrían resultar nocivas para la salud del columnista. Pero son disertaciones que hay que darlas, así el cura lo descomulgue, aunque poco interesa tal cosa. (P.D. No soy satanista..., solo un libre pensador, gracias a dios).

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