Opinión | Nadie escuchó lo que la noche entiende

hugo mauricio fernandez columnistaUnas líneas que describen la politiquería en la que se han convertido los "homenajes" a José Eustasio Rivera. Su nombre se ha vituperado, en medio de ovasiones vacías, segun nuestro columnista. Aquí, sus palabras. 

Hugh Maorexiu Del Río

El natalicio de José Eustasio, (con s como quería él) y los 100 años de publicación de 'Tierra de Promisión' son dos eventos que hoy celebra la burocracia cultural de Huila. Lo mismo de siempre: “expertos riverianos” que no recuerdan un solo verso de la obra, echan babas por sus pantallas en unos monólogos azarosos e insufribles. Poetastros de pelo rebelde y obras cuánticas que no se entienden ni ellos mismos pero que saben de todo, en especial de ellos mismos. Lecturas planas y concursitos sensibleros de declamación son la máxima creatividad de los cultores huilenses. Menos mal esta vez la Academia de Historia no descrestó con el acta de bautismo para enfatizar con vanidad ridícula que el poeta nació en Neiva y no en el municipio verde, cosa que no soportan los que se creen dueños de Rivera en Rivera.

Pero vamos por partes. Les explico para que no se jalen de las barbas. José Eustasio nació en Neiva, pero también en Rivera. Es decir, en 1888 lo que hoy se conoce como el municipio de Rivera, no existía, pues entonces hacía parte de la que hoy es la capital de Huila. Por eso los dos tienen la razón, los que afirman que en Neiva, pero no explican o no entienden de geografía (y eso que son historiadores) y los que lo explotan en Rivera. Ahora resulta que además de los politiqueros, que han convertido en una marca y un lugar común la dichosa tierra promisoria, algunos comerciantes del arte y la cultura se apropian de legados que apenas les interesa comprender, porque para ellos el negocio es más importante que la poesía: contratos millonarios a nombre del poeta que denunció la corrupción y la rapiña en La vorágine.

Amig@s "riverian@s", necesitamos releer y resituar la obra de nuestro amado José Eustasio. Ya basta de lugares comunes, que el "cantor del trópico", que su poemario es una alabanza y descripción de la naturaleza y que Huila es su Tierra de Promisión. No señores, el poemario de "55 sonetos impecables" es mucho más que eso. Tierra de Promisión es una busca metafísica río arriba. Una búsqueda de absoluto que termina en el fracaso: "Nadie escuchó lo que la noche entiende". Dejemos de citar lo que dijo el cura Herrera y revisemos lo que ha dicho Guebelly, Libardo Medina y Luis Ernesto Lasso. En esa tierra de promisión los animales más fuertes devoran a los débiles y la desesperanza ante el ansia de absoluto no es más que un lamentable vacío: "Lo que los astros callan mi corazón lo sabe".

Rivera merece una reedición de su poemario con estudio serio y actualizado en estos 100 años de su obra poética. Pero como el poeta no queda más que repetir su hermosa frustración: "Y luego una recóndita nostalgia me consterna/al ver que ese infinito que en mis pupilas cabe/es insondable al vuelo de mi ambición eterna".

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