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Recordando a El Poira, el reconocido personaje caqueteño

Diego Mauricio Barrera QuirogaAntonio Machado diría: "todo lo que sabemos lo sabemos entre todos". Eso probablemente ya lo sabía el indigente más famoso de Florencia (Caquetá): Pablo Antonio Jiménez Espinosa, ‘El Poira’, quien murió hace dos meses en esta ciudad. Aquí, un relato con sabor literario de nuestro columnista amigo.

Por Diego Mauricio Barrera Quiroga

Profesor Universidad de la Amazonia

Florencia (Caquetá)

Hace ya bastante me enteré de la muerte del personaje más conocido en Florencia (Caquetá): Pablo Antonio Jiménez Espinosa, conocido con su alter ego del ‘El Poira’. Una afección respiratoria a sus más de 90 años terminó con su vida. Enfermedad común en zonas endémicas como esta. Con gran popularidad era conocido ‘El Poira’, referente mítico del municipio. No existía persona que no lo identificara con su figura, por lejos que estuviera, así como no podía pasar desapercibido para el que por esta tierra pasaba.

Aunque muchos lo reconocían, una paradoja particularizaba su existencia: el olvido era igual de grande a su popularidad. Un personaje ajeno a este mundo, entre las calles a medio pavimentar se veía caminar despacio, taciturno. Sus habitantes lo veían entre la cotidianidad y el silencio. Sus pasos arrastraban la pesada desidia que trae la indiferencia y el tiempo, sin hablar del ostracismo institucional. De caminar enjuto, piel adusta, estéril por el sol implacable del día a día. Arropado por la miseria, cartones y otros objetos que el consumo per cápita desecha.

Pablo Antonio Jimenez Espinosa El Poira 2El Poira en una de las calles dl centro de la cpital caqueteña en 2016. | Foto: Museo Caquetá. 

Con sus ojos abiertos como un lémur, siempre queriendo ver más de sus congéneres; se alcanzaba a ver desde la distancia su color azabache del iris, ni un solo parpadeo entre la mirada y su destino, una mirada que cargaba memoria, el paso del tiempo y su deseo por el diario vivir. Los años no eran importantes porque las fisuras que deponía su rostro expresaban que el camino aún se sigue construyendo: “Caminante, no hay camino, / se hace camino al andar”; porque la memoria también se ve a través de la mirada, a través de los pasos y su ropaje.

Nunca se escuchó algún lamento de ‘El Poira’, así como jamás se vio fumando, ni a las orillas del río como cuenta la leyenda de aquel mito. No confundía a los pesqueros, ni rompía las atarrayas; no llevaba hacia el fondo de su cueva a las personas. Siempre completo, como el caracol, todo a sus espaldas. Solo, pobre y desnudo. No era pobre que necesitaba. Vivía con lo que tenía. Libre, ya que había renunciado a todas las ostentaciones de este mundo.

Pablo Antonio Jimenez Espinosa El Poira 1

Hoy que su muerte es conocida en todos los rincones de este municipio, por donde caminó y guturó sonidos prevocálicos, en donde la sociedad lo excluyó, lo recuerdan, siendo el único momento de inclusión, y lo incluyen para meterlo en la tumba, para borrarlo de las calles, aunque su imaginario y recuerdo quedará, el hedor de la muerte les tranquiliza: “Y el cielo miraba el espléndido esqueleto / como flor que se abre. / Tan fuerte era el hedor que tú, en la hierba / creíste desmayarte”.

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