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La contraria en la ley de Murphy

Diego Mauricio Barrera QuirogaDe cómo un sencillo cambio estructural puede transformar el imaginario colectivo que toda una comunidad pueda tener sobre una institución o un sector. Esta idea viene luego de los cambios que empiezan a versen en la Universidad de la Amazonía en Florencia (Caquetá).

Por Diego Mauricio Barrera Quiroga

Profesor Universidad de la Amazonia

Florencia (Caquetá)

Corría el seis de diciembre de 2012 y la represión no se hacía esperar en la Universidad de la Amazonia. La solicitud y autorización de Leónidas Rico, para entonces rector de esa institución educativa, permitió el ingreso del Esmad al claustro académico. Esta decisión la daría después de conocerse una manifestación estudiantil en donde éstos reclamaban el cumplimiento de un pliego de peticiones que incluía el rechazo al alza de matrículas e investigaciones a los actos de corrupción en la administración que a voz en cuello se conocían.

El tiempo transcurría y los ánimos se caldeaban. Algunas expresiones violentas ya se asomaban por parte de quienes expresaban su desacuerdo por la manifestación. La noche se acercaba, aunque temerosa porque la oscuridad sería cómplice de la llegada de los ‘heraldos negros’, como lo expresaría el poeta peruano César Vallejo. Una sonrisa maliciosa se asomaba con el plateado cielo que se conjugaba en el escarlata atardecer que empezaba a cubrir el pie de monte amazónico.

La represión de Leónidas

Una brisa gélida golpeaba los cuerpos curiosos de quienes en la universidad se encontraban, la piel se erizaba, las manos se crispaban como respuesta natural e inconsciente de lo que ya se sentía. La ley de Murphy, venía: “Si algo puede salir mal, probablemente saldrá mal”. Y no podría salir peor, porque pasadas las seis de la tarde un escuadrón del Esmad subía hacia las oficinas administrativas, una fila larga de personas que bajo un overol y piezas duras, simulando los movimientos de un robot, se acercaban rápidamente, levantando sus armas letales que apuntaba hacia unos curiosos.

Los estudiantes ya podían sentir el miedo y desesperanza. El objetivo era uno: desalojar violentamente a los manifestantes que ocupaban uno de los pisos del edificio administrativo de la Universidad de la Amazonia. Total: 27 estudiantes heridos, dos fracturados y otros golpeados, física y moralmente, por la brutalidad policial. Además, un pequeño grupo de administrativos que, guiados por la polarización, atacaban a los universitarios, equiparándose a la brutalidad y fuerza desmedida de la Policía.

El saldo violento que dejó la intervención del Esmad fue acompañada, días después, con la suspensión de unos estudiantes de la universidad, uno de ellos estuvo dos años por fuera de su carrera debido a la sanción impuesta. Igualmente, se abrió una investigación penal por la denuncia interpuesta por quienes -guiados por la administración- acusaron de “secuestro” la acción pacífica que iniciaron los estudiantes.

Y como si fuera poco, el edificio administrativo fue “militarizado” por el sistema de seguridad que tiene la universidad: una persona de seguridad en cada puerta, quien siempre estaba preguntando el motivo del ingreso o salida, y una reja grande que separaba el primero con el segundo piso del edificio, teniendo un acceso restringido, barrotes victimizantes que recordaban los fenómenos que el poder impuso, como expresión visible de división y ruptura comunitaria.

Reja edificio administrativo Universidad de la AmazoniaReja que dividía el edificio administrativo de la Universidad de la Amazonia / Foto: Alán Gallego.

Una ruptura de la comunidad académica, de las expresiones de tipo colectivo. Escindida por el fanatismo político que se creó por varios años en la institución, lo que llevaba a tener un comportamiento sin utilizar criterios. Esto hizo que quedara en un segundo plano la capacidad crítica, ya que lo importante era obedecer para congraciarse con el poder.

La caída de la reja y el pos-acuerdo

El 2017 llegó con nuevas noticias: La reja instalada en el edificio administrativo del claustro universitario fue retirada bajo la orden de Gerardo Castrillón, el nuevo rector, quien estará por los próximos tres años de mandato institucional. Un nuevo ambiente que trae otros vientos.

Este hecho trajo consigo nuevos imaginarios de lo que debe ser la universidad: “La caída de la reja no era un acto puramente tangible de remoción de un obstáculo, sino el anuncio de que, en el intangible fundamental de la institución, caerán más obstáculos que impiden que la universidad desarrolle los roles propios de su naturaleza de casa del saber”, expresaría un curtido docente en la lucha sindical.

Y agregaría que “la adhesión ciega, la servidumbre, el odio inducido a la crítica y a la organización gremial, la participación en los grupos de choque, la organización de fiestas para adular el poder y satisfacer sus apetencias, parecen haber llegado a su fin”, resaltaría el profesor.

Lo que se ve es una nueva actitud y confianza en el papel que debe cumplir la universidad, especialmente en su rol que debe jugar la academia en el pos-acuerdo que empieza ya. Un mejor futuro se avizora. Una universidad para la paz y la reconciliación. Probablemente la ley de Murphy tenga su contraria: “Si algo puede salir bien, saldrá bien”.

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