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Día Internacional de la Mujer | ¡Hipócritas!

claudia marcela alvarez hurtado

Claudia Álvarez nos trae una reflexión sobre la doble moral. Con palabras cargadas de indignación, esta socióloga logra poner sobre la mesa la cultura machista que aún sobrevive en un mundo que se jacta de decir que ya es un país moderno. Pero no.

Claudia Marcela Álvarez Hurtado*

La doble moral y la mojigatería de este país parece no tener límites, menos en una sociedad conservadora que habla en voz baja y esconde debajo del tapete lo que le avergüenza y lo que pone en riesgo su honorabilidad y prestigio.  Por eso las mujeres que se unieron al movimiento #MeToo en Colombia y en el mundo han venido destapando unas cuantas ollas podridas.

Señoras y señores, peores que los elefantes blancos son las formas de acoso sexual toleradas y silenciadas por la sociedad en la que vivimos, experta en enterrar verdades para no levantar ampolla, para no “meterse en problemas”, para no ser quien hace algo en un contexto donde nadie hace nada.   Y así esto no se diga, es una verdad tanto para los acosadores como para sus víctimas, los primeros tienen claro que son intocables y las segundas se muerden la lengua sabiendo que su voz no vale un peso. Sin pruebas, no hay nada.

Si no me cree, déjeme contarle una historia. Hace unos meses me senté a tomar café con una mujer joven que trabajaba en el Centro Comercial Comuneros atendiendo un local donde también vendían cerveza, especialmente los jueves y viernes a partir de las 4 de la tarde. Ella me contó que estaba aburrida porque los clientes eran muy groseros, porque con cada cerveza se les iban aflojando más la boca y las manos y era ella quien tenía que aguantárselos, su jefe nunca hizo nada.

Antes de eso trabajó en casas de familia como empleada doméstica interna. Una noche su “patrón”, un hombre de familia aparentemente digno y respetable, se le metió a la habitación queriendo sostener relaciones sexuales con ella, por eso renunció. Actualmente este personaje es un tipo de renombre y con un apellido que le sirve para hacer campaña política a un puesto de elección popular. Ella nunca dijo nada ¿qué palabra cree usted que hubiera valido más?

A los muchos casos de acoso sexual contra actrices o periodistas, se le deben sumar los también históricos y acostumbrados episodios de acoso y violencia sexual vividos por empleadas domésticas, incluso las que han trabajado para familias prestantes de la región, porque cada vez resulta más claro que la honorabilidad en este país está muy ligada al abuso del poder y para nadie es mentira que hay peces gordos con los que nadie quiere meterse. Por eso Claudia Morales no es la única a la que le tocó enterrar su verdad por tanto tiempo.

Pero no sólo son políticos, son docentes universitarios del alma mater más prestigiosa del sur de Colombia, son los profesores de antaño de colegios tradicionales del municipio, son incluso “compañeros” que dicen luchar junto a nosotras. ¿Qué tienen en común? Que todo el mundo parece saber sus nombres y lo que hacen, pero nadie se atreve a confrontarlos, su estatus social, económico o político los hace inmunes a la interpelación y a la justicia.

La escritora chilena Isabel Allende dijo alguna vez, “a lo que más le temo es al poder con impunidad. Le temo al abuso del poder y al poder de abusar”; tenía razón, los acosos sexuales no son ni propuestas indecentes ni coqueteos malinterpretados, son abusos del poder que concede la masculinidad, la autoridad académica, el poder económico y el capital político. Quienes acosan saben perfectamente que no tienen el consentimiento de los cuerpos que tocan, pero también saben que la subordinación produce miedo y que el miedo paraliza.

Estos agresores no sólo son los jefes, los colegas de mayor rango o los profesores de las víctimas, son los compañeros de trabajo de muchas personas como usted o como yo, personas criadas en un país conveniente e hipócrita que pide sangre y fuego para unos, mientras es abiertamente permisivo con otros. Como quien dice, mientras las víctimas siguen destapando ollas podridas, muchos/as prefieren taparse la nariz.

Lo que está ocurriendo en Colombia y en el mundo es muy poderoso, las mujeres ya empezamos a hablar, hora el turno es de ustedes, en su apoyo radica la diferencia entre arrepentirse de haber hablado o animar a otras a hacerlo. Sabemos quiénes son, no crean que el anonimato les va a durar toda la vida. 

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